Por el día que hace

Películas (II)

Cada vez que la he visto, y no han sido dos ni tres veces, me ha hecho llorar. Me ha emocionado. Me he reído. Me ha impresionado. Cuando regresa del pasado al presente, te rompe, te desampara, te quedas igual de solo como lo están ellos.


Y cuando escucho la música de "Amapola, lindísima amapola, será siempre mi alma, tuya sola..yo te quiero, amada niña mía, igual que ama a la flor, la luz del día. Amapola, lindísima amapola, no seas tan ingrata y amamé, amapola, amapola, ¿Cómo puedes tu vivir tan sola ?", no puedo dejar de ver la imagen de la niña sabiéndose espiada y bailando para él.


La escena de cuando matan al pequeño y Noddles (que de adulto será clavadito a Robert de Niro) se venga, es la rabia en fotogramas. Todos los actores, los niños y los que serán de adultos, están tremendos. Cuando el crío de los ojos azules más bonitos que he visto, se come el pastel que iba a ofrecerle a la chica con la que pensaba estrenarse sexualmente, te derrites de ternura. O Deborah desmaquillándose, es tan triste. En fin, que la destripo, y sólo quería decir que vale la pena verla, una y mil veces.


Y (¡como no!) la música es tan buena como la peli.


Memorias

Foto de la Calle Real. A pleno sol.

Ya he mencionado en este blog que mi infancia transcurrió entre Barcelona y el pueblo de mis padres, el cartel del nombre del pueblo era casi más grande que la extensión en tierra y casas. Cuando con 14 ó 15 añitos desembarcábamos allí, se producía un auténtico terremoto, las navidades y la semana santa eran conatos revolucionarios, pero lo gordo llegaba en plena canícula, durante el largo y muy cálido verano.

Recuerdo las tremendas comilonas que organizaban mis tías y mis abuelas, lo que odiaba que nos obligaran a hacer la siesta, la sensación de ser libres como pájaros, el reloj dejaba de existir y también el peligro, podíamos ir donde quisiéramos y nadie se preocupaba por nosotros, todos nos conocíamos y los jefes sabían dónde estábamos siempre (la cadena de noticias CNN existía, la inventaron en el pueblo de mis padres).

Era un pueblo con todos los requisitos para ser pueblo. Cotillas, historias de amoríos, peleas a tiros de escopeta, un caño (fuente más abrevadero = caño), campos inmensos donde ir a robar melones, o bañarse en las albercas (depósitos de agua en el campo, para regar la huerta, que nosotros usábamos de pseudopiscina, con bichos incluidos). Incluso tenían pregonero, (si, si…había alguien dedicado a dar las noticias a grito pelado). Mi madre me cuenta aún que siendo pequeña, con seis o siete años, tuvieron que pregonar si alguien me había visto y me tenía en su casa, que me devolviese a la mía pues me estaban esperando para cenar. Me había quedado dormida, sentada en el escalón de la entrada de una casa vacía, me encontró Dolores, una amiguísima de mi madre.

Formábamos ese grupo que en el pueblo llamaban “los veraneantes” (suena a película de Pajares y Esteso). Y éramos los raros, porque nuestra pandilla era mixta, chicos y chicas, algo nunca visto en el pueblo. Pero claro, es que en esa época aún había una enorme distancia entre hombres y mujeres, nacionales y “polacos”, e incluso hasta persistía la mala mar en cuestiones de política. El pueblo aún estaba dividido: los azules y los rojos.

Llegábamos recién estrenado el mes de agosto. Lo primero era parar en el pueblo de al lado, en una fuente y arreglarnos los pelos después de un montón de horas de viaje, hacinados entre paquetes, naranjas robadas y bolsas con regalos. Había que llegar presentable. Pues todo el mundo nos vería llegar. Y acto seguido recibíamos las instrucciones habituales, y la más repetida era el tener cuidado con lo que hacíamos por la calle, que en menos de lo que canta un gallo nos colgarían el sambenito de putón verbenero, y el honor valía tanto como el oro “u más”.

Las actividades del verano eran de lo más variopinto. Todo era callejeo, las fiestas en los pueblos siempre caían en ese mes, y nos pasábamos la mañana viendo encierros, dando vueltas en los cacharros de las ferias, comiendo polos de hielo sin temor a que nos dolieran las "anginas" y cuando empezaba a apretar el calor, al agua patos. Allí ir de tapas se llamaba “ligar” y los mayores se pasaban el día ligando. Liga a medio día, liga a la tarde a la caída del sol, liga por la noche… los hombres sobretodo, con panzón cervecero y con cada copa de cerveza, la tapita...y pese a ello, después comían y seguían bebiendo. Nadie se preocupaba en verano ni del colesterol, ni de la tasa de alcohol en sangre, ni de las malas costumbres nocturnas. Nosotros nos pegábamos a los padres cuando iban de “liga”, para conseguir bolsas de patatas fritas, coca-colas y chuches. Y ellos, se pasaban el día espantándonos como si fuéramos moscas cojoneras (que lo éramos).

Las tardes sólo eran hábiles a partir de las 18:00 horas, no había forma de que entre comida, siesta y lavado de orejas, saliéramos antes. Y luego, volver a las nueve, cenar corriendo, ponerse guapos/as y salir por piernas a las diez de la noche. Y de ahí, hasta que se recogiera todo el mundo. Mis abuelas siempre decían eso: Recogeros todos juntos, que nadie se venga solo… y claro, tenías la excusa cojonuda. “Jo, mama, si llego a las dos de la mañana porque los demás, insensibles, no se recogen antes”…Qué bien se mentía a esas edades, y qué poco convincentes éramos.

Lo único que se podía hacer en el pueblo cuando salíamos por la noche era pasear por la calle Real, la calle de los ricos, que se sentaban en las puertas de sus magníficas casas en estupendísimas sillas de mimbre y nos observaban como si fuéramos una especie extraña y curiosa. Luego enfilabas hasta el camino del puente (el lugar de todos los pecados) y ahí empezábamos a desmadrarnos, y también era ahí donde se acababa la iluminación del pueblo… Lo dicho, el camino del pecado, no cuento más.

Mi hermano y mis primos hicieron auténticas canalladas, como cagarse (con perdón), en plena zona no iluminada del puente, para que las niñas del pueblo, que se arreglaban para salir como si fueran a una boda, terminaran la noche con los zapatitos pringadísimos. O torear a las cabras cuando volvían con el pastor provocando un desparrame de bichos peor que los de búfalos en las pelis del oeste, o incluso hacer un gorrinicidio que quedó impune. Y también nosotras escandalizábamos a ciertos chavales del pueblo llamándoles “buenorros” amparadas en la oscuridad reinante y en las espaldas ocultadoras de nuestros correligionarios, y generando expectativas que luego no cumplíamos, obviamente.

El colmo de los colmos fue cuando Benigno, el único con visión empresarial del pueblo, abrió en un local que antes era un bar enorme, algo que él llamaba (optimista lo era, y mucho) la “discoteque”. Los días de baile, porque solo abría los viernes y sábados, fueron gloriosos. Bailábamos sin ton ni son, y a los dos nanosegundos, ya veías a los del pueblo imitando el baile “porque así se debe bailar en Barcelona”. La música era antigua, es decir, música de moda de los tres años anteriores, con lo que nosotros nos las sabíamos de memoria, y habíamos visto en la tele a los grupos e imitábamos a los del “ballet zoom”.

También se produjo junto a la inauguración de la “disco” otro hecho memorable: los padres de Luisa nos dejaron una de sus dos casas para que nos reuniéramos allí cuando quisiéramos. Ellos lo hicieron para que no anduviéramos siempre en la calle, pero les salió el tiro por la culata, pudimos organizar fiestas y de las gordas. Como allí no controlaban el que los menores compráramos vino o lo que se nos ocurriera, hubo hostias por recibir una invitación.

Conocimos la receta para preparar una bebida típica del pueblo: la cuerva. Vino blanco, mucha azúcar, trozos de melocotón natural, ginebra..y algo más que no voy a decir, porque es secreto de familia. El radiocasete del Berna, más las patatas fritas que chingábamos de la tienda de mi abuela. Juergón al canto. Utilizábamos un barreño (algo así como un cubo de metal enorme con dos asas), donde cabían litros y litros de bebida. Tengo fotos de aquellos días, y teníamos unas caras de borrachuzos que flipas, y sin embargo como jamás llegamos al coma etílico, nunca pasó nada. Nadie nos riñó, ni nos castigó. Quizá porque durante esos días, hasta los padres dejaban de ejercer de padres. Sí que hubo historias de amor, bronquillas con los que se colaban, y tardes de limpieza “jartitos” de reír. Tiempos remotos, pero que se te quedan dentro, y en según qué momentos aún te devuelven la sonrisa.


POSDATA PARA MI HEREDERA UNIVERSAL: Las cosas malas siempre las hicieron los demás. Mamá nunca bebió, siempre se portó bien, pocas veces volvió tardísimo y aquello era un pueblo muy pequeño, no flipes.. no puedes ir a Barcelona aún y volver a las cinco de la madrugada.

Eufemismos

Alguien refiriéndose a su capacidad para tener líos extramatrimoniales, decía padecer “flaquezas de afección”. Está claro que decir que alguien tiene facilidad para "poner cuernos" suena de lo más soez y ordinario, mientras que, al contrario, alegar que sufres flaquezas de afección queda elegantísimo e incluso da pelín de pena.
Abogo por usar ciertos eufemismos, que quedan muchísimo mejor, donde va a parar. ¿verdad?.

Sin prisas.

(Creo que la foto es de Ruben Pinella)


Cualquier día, en cualquier lugar, de repente, sin esperarlo, descubriremos que todo es mucho más sencillo, que ese triste sol de otoño nos calienta el alma, que incluso hay gente que no conocemos y que nos sonríe.
Tal vez ya esté pasando, quizá sólo haga falta que dejemos de correr y nos fijemos un poco.
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Para Sílvia R d V y M. (mi amiga más aristocrática y maravillosa).

Películas (I)

No soy una gran cinéfila, lo reconozco, pero gracias a ciertos seres humanos de gusto exquisito (saludos, S), he visto algunas películas que comparten el espacio privilegiado con mis libros.
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"El Paciente Inglés" es una de ellas. La recomiendo, pero advierto que yo no tengo criterio como otras personas. Simplemente me enamoré de Fiennes y su Bósforo de Armasy, de Kristin herida,sola y a oscuras, del baile en las alturas del convento, Dafoe tremendo, incluso la Binoche me gustó mucho, mucho...
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Es romántica, dura, triste, increíblemente sensual y espectacular. No puedo hablar de fotografía, ni iluminación, ni cualquiera de esas cosas técnicas. Aquí sólo entra lo que emociona.
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Y la banda sonora es perfecta, encaja con la historia, la escucho mucho.
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Memeces mañaneras

Me despierto, suena la alarma del móvil (contrato con VODAFONE). Enciendo la luz (contrato con FECSA ENDESA). Me levanto y abro el grifo de la ducha (contrato con SOCIEDAD GENERAL DE AGUAS DE BARCELONA). El agua caliente tarda en salir (contrato con GAS NATURAL). El champú me escuece en los ojos (contrato con HERBAL ESENCES). Me seco y me visto (contrato con MASSIMO DUTTI, ya soy mayor para comprar en ZARA). Salgo a la calle (contrato con el AYUNTAMIENTO que ha puesto las aceras). Cojo el bus (contrato de TRANSPORTE con MOHN). Llego al metro (contrato de transporte con METRO). Salgo a la calle y me saluda el kioskero (contrato de compra venta con EL PAIS). Llego al bar de siempre: “cafetito con leche, antoñito” (contrato de servicios con MAS BIRRAS LIMITED). Pago y me subo al despacho, pensando cuantísima razón tenía mi primer profe en la uni:¡¡ uno se pasa el día aceptando normas y contratos, sin darse ni cuenta!!!.